Hablamos de teatro con...

Ingrid Pelicori: “Hago todas cosas que me gustan mucho, y eso es lo que trato siempre de conservar”

- Sos de esas actrices que, por suerte, solemos ver mucho en la cartelera porteña, ¿qué es lo que te hace aceptar un trabajo?
- Hago todas cosas que me gustan mucho, y eso es lo que trato siempre de conservar, y de cuidar. Proyectos que me hagan feliz, que me importen y que me hagan sentir que mis trabajos tengan sentido. 

- ¿Sentís que es más difícil encontrar eso en televisión?
- Yo hago siempre teatro. La televisión es como una exigencia de tiempo y de atención muy grande que si no se justifica un poco, no me da muchas ganas. Y el teatro nunca lo quiero sacrificar.
- Aceptaste en 2013 tener un personaje importante en una novela como “Farsantes”, ¿qué te gustó de la idea para volver a la televisión después de 20 años?
- Desde ya en “Farsantes” me gustó mucho el proyecto, me interesó la gente que estaba, tener muchas escenas con Julio Chávez. Toda la temática también me parece que estaba buena. Y me dio ganas. Además los proyectos teatrales de este 2013 los podía combinar. Se armó entre posible, y que me dio ganas.
- ¿Cuál es para vos la principal diferencia entre la construcción de un personaje para tele y otro en teatro?
- En la tele hacer personajes es más difícil porque no tenés ensayos, probar, siempre es un tirarse a la pileta pero siempre disfruto mucho de hacerlos. Me gusta siempre tener un problema. Si no tengo un problema no me divierto.
- Vaya problemas que tenía esa mujer que encarnaste en “Greek” y que te valió un premio ACE y un María Guerrero. 
- “Greek” es un espectáculo que nos dio muchas alegrías, premios, nominaciones. Es bastante particular. Vale le pena conocer la obra de Steven Berkoff, que es un autor increíble.
- ¿Cómo nace en Ingrid Pelicori este amor por la actuación?
- Yo vengo de una familia de actores, y es como que estaba a la mano. Pero estaba tan a la mano que no lo dije de entrada. En la adolescencia, cuando terminé el colegio secundario empecé a estudiar teatro. Y al poco tiempo di una prueba en el elenco estable del San Martín, cuando existía, hace más de 20 año que ya no existe. Tuve la suerte de hacer una gira larguísima por Latinoamérica, otra por España. Fueron años de muchísimo aprendizaje, de compartir el escenario con actores de muchísima trayectoria. Mucha disciplina y trabajo. Ejemplos para mi de varias cosas, por ejemplo, cómo aprender la profesión. Y también el teatro como trabajo colectivo. 


-----------------------------------------------------------------------------

Arturo Bonín: “Soy un contador de cuentos”

- ¿Cómo fue el momento en que enfrentaste a tus padres y les dijiste que querías se actor?
- Fue muy duro, raro y desconcertante para mi. Tenía 16, y quería dejar de estudiar química para la alimentación, una cosa en la que me metí que me fascinó. Me encantó eso, pero cuando descubrí el teatro, me dio vuelta la cabeza. Le dije a mi viejo que quería dejar la carrera, y estudiar otra cosa. Él era colectivero, mi mamá ama de casa. Mi papá quería que yo tuviese un título de algo. Y cuando le comenté que quería ser actor me agarró y me llevó al médico. El doctor le dijo que era sano, que sólo quería estudiar teatro.
- ¿A partir de qué momento podés decir que tu papá aceptó tu vocación?
- Mi viejo nunca terminó de entender que esto es un laburo. Lo veía como un entretenimiento. Yo hice un espectáculo en 1981 con Nélida Lobato, y mi papá vino como un rayo a verla. Cuando salgo, nos vamos a comer, con mi madre y mi mujer, él en un momento me mira y me dice “¿todavía te pagan por hacer esto?” Pararme en un escenario y apretármela en una situación a Nélida Lobato era para él como un premio, no era un trabajo.
- Y después llegó una carrera con un hacer constante. ¿Cómo se ve hoy ese camino?
- He tenido las posibilidades de contar los cuentos que realmente quise. Siempre lo digo, yo soy un contador de cuentos. Y establezco complicidades con autores, técnicos, compañeros de trabajo, vestuaristas, para seguir haciéndolo. Estas complicidades a veces nos llevan a lugares hermosos. Cosas que también a veces salen mal, pero son un estímulo para la próxima. 
- Un compromiso que en tu caso también se refleja activamente en tu vida política. ¿Qué pensás al respecto de aquellos que critican la militancia de los actores?
- Esto nos pone en el lugar de personas que somos. Primero somos personas, luego cumplimos roles o trabajamos de distintas cosas. Si un médico cirujano puede dar su opinión, ¿por qué no puede darla un actor? ¿por qué no se va a poder posicionar en un lugar cuando, además, está diciendo algo que siente, que le pasa como ciudadano?  No creo en esto que uno no tiene que decir lo que no piensa, todo lo contrario. Tiene que decir lo que piensa y tratar de sostenerlo con acciones, un rasgo de coherencia.
- ¿Sos de ir a ver a tus colegas al teatro? ¿Qué teatro consumís cómo público?
- Siempre que puedo. Trato de hacerme escapadas en los días que no tengo compromisos. Trato de ver teatro alternativo. El comercial, por decirlo de alguna manera, tiene sus ventajas y desventajas. Hay obras que están perfectamente armadas como una réplica de algo que se ve en otros lados, y ese teatro a mi mucho no me gusta. Me tientan cosas que desconozca, nuevos dramaturgos, jóvenes actores y directores, cosas que a mi me interesen porque sigo sumando a mi conocimiento.
- ¿Y podríamos decir que eso sí se encuentra en Buenos Aires?
- Hay muchísima oferta, y ahí me planteo a veces en una contradicción. Me encuentro con hermosos espectáculos que tienen la posibilidad de mostrarse una vez por semana nada más. Y me pregunto dónde va a parar el arte del actor, esto del crecimiento o desarrollo de un personaje a través del tránsito. Ahí me enoja una poco esta superoferta que hay, que es en base siempre al esfuerzo y al sacrificio de los actores.
- Pero podríamos decir que la ciudad goza de buena salud en materia teatral…
- Absolutamente. Y como goza de muy buena salud, en algunos lugares se abusan de eso. 


---------------------------------------------------------------------------------

Roly Serrano: “A mi el teatro me cambió la vida” 

- ¿Cómo llega la actuación a tu vida?
Desde chico subir a un escenario para mi era algo especial. Yo nací en un pueblo y mi papá era el que organizaba las fiestas patronales. Él era quien se encargaba de los escenarios. Yo subía a zapatear y a cantar, me gustaba. En la escuela siempre fui un chico muy participativo y después, de grande, no he perdido la capacidad de jugar. Básicamente el teatro es un juego, sea comedia, drama o lo que sea. Qué mejor lugar para jugar que el teatro. Y que mejor para mi, que amo jugar, hacer de mi profesión ésto. Además un privilegio y un honor.
- Y este juego te ayudó a superar los difíciles momentos de tu adolescencia.
- Absolutamente. A mi el teatro, siempre lo digo, me cambió la vida. Me la cambió pero radicalmente. Transformó a un niño, a un salvaje suelto, a un ser más civilizado. Y a medida que iba evolucionando, he ido creciendo. Lo intelectual te da conocimiento, la lectura, la avidez por saber de lo que vas a interpretar, el profundizar los personajes hace que te preguntes también cosas de tu propia vida. Eso hace que vayan juntos. Si ves un defecto en un personaje y lo encontrás en vos, seguramente después querrás modificarlo.
- ¿Fueron difíciles esos primeros trabajos?
- En realidad siempre es difícil. Creo que como cualquier actor que es conciente te pasa que siempre antes de entrar a escena, y con todo le público sentado, te hacés la misma pregunta de qué hago yo aquí. Después del primer empujón te das cuenta que nadás en lo tuyo. Pero al principio es “¿qué hago yo aquí?”. Yo supongo que eso hace que siga haciendo el trabajo con la misma responsabilidad siempre, con el mismo amor. Supongo que el día que yo no sienta eso será el momento en que yo me baje de las tablas.
- ¿Cuáles eran tus sueños en esos primeros años?
Yo soy de la camada donde los sueños eran llegar a poder ser un buen actor. Después, lo demás, son cosas que fueron apareciendo. Para mi, la fama y todas esas cosas nunca fueron como importantes. Fue apareciendo el reconocimiento, el respeto, de la gente y de tus pares, eso sí es un valor que quizás uno busca. Yo por lo menos lo busqué como objetivo. Prefiero que la gente me quiera y me acepte primero como persona, y si a eso le suma la profesionalidad, bueno, estoy completo.
- ¿Y el Roly Serrano titiritero cómo te encuentra?
- Los títeres fueron como un recreo en mi vida. Yo era actor en Córdoba, y Silvina Reinaudi, que ha sido mi alma mater en muchos sentidos, tenía un programa de televisión en canal 10. Un día me invitó, y salió tan lindo que me contrataron para seguir yendo. Desde el momento que me coloqué el títere en la mano, no me lo saqué más, porque le agarré un tremendo amor. Durante muchísimos años me dediqué solamente a hacer teatro para chicos. Escribí para niños y dedicarme a trabajar con la comunidad educativa paralelamente al arte. Fueron durante 10 o 15 años que hice solamente a eso, hasta que un día me enojé mucho con los niños. Me había cansado de ellos y sentí que no podía más trabajar con ellos si me pasaba eso, si sentía rechazo. Pero era por una saturación lo que me había pasado. Así que ahí volví a enfocar mi trabajo. En ese momento dejé títeres, dejé todo, habíamos hecho muchas cosas con Silvina, historias en Buenos Aires con un grupo que se llamaba “Asomados y escondidos”, trabajamos con Hugo Midón, creamos en canal “Cablín”. Ella era la cabeza pensante del grupo y yo era el que llevaba adelante las ideas. Y hemos paseado el mundo con los títeres. Por eso ha sido una etapa muy importante para mi. Quizás esa etapa fue también la de mi formación, la de la limpieza interior mía en muchos sentidos. Y la de enfocar qué es lo que realmente quería hacer, si quería ser un miembro de la farándula o si quería ser un comunicador social, un artista, un actor.
- Hiciste muchas obras, mucho cine y mucha tele ¿podés elegir algún medio donde te sientas más cómodo actuando?
- Yo supongo que para un actor es muy difícil elegir un medio, porque pertenece a los tres. Elegir sería como desmerecer al otro. Yo quizás no podría hacerlo porque me siento tan cómodo en cada uno de los medios en que trabajo. Uno puede tener preferencia, como los amigos o como los hijos, y está del lado del teatro. Nací en el teatro, me formé en el teatro y sé que voy a morir en el teatro porque es el elemento que me pertenece. Yo hoy si quiero hago una obra en el galpón de mi casa, y vendrán cinco a verme, pero es mío, me pertenece.
- Con “El desarrollo de la civilización venidera” de Daniel Veronese tuviste la oportunidad de hacer gira por Europa, ¿cómo estuvo esa experiencia?
- Llegó en una etapa alta de mi oficio. Yo me niego a decirle carrera porque parece que le quiero ganar a alguien y no le quiero ganar a nadie. Por eso le pongo “oficio”, “profesión”. Quizás me llega en un momento especial, ya llegando a la adultez. Entonces este tipo de experiencias solamente me demuestra de que he venido bien creciendo como actor porque me permito pasar de “¿Y dónde está papá?”, a “Feliz caño nuevo” en Carlos Paz, y hacer Ibsen en Europa entre los mejores grupos de teatro del mundo. Es como un privilegio absolutamente enorme. Eso como experiencia es lo único que yo sé, que estoy seguro que me voy a llevar como recuerdo. Todo lo demás se borra. Las fotos se sacan de las paredes, las revistas se ponen amarillas, los videos se enmohecen, lo único que queda es lo que yo soy capaz de hacer y lo que le dejo a la gente, como artista o como persona. 


-------------------------------------------------------------------------------

Osvaldo Santoro: “Lo que uno busca con la actuación es un descubrimiento de si mismo”

- ¿Cómo nacen las ganas de ser actor?
- La primera necesidad del ser humano es decir acá estoy, que todos me vean, que todos me conozcan, sobre todo en la adolescencia, y en la primera juventud. El que es tímido, el que no tiene las herramientas como para hacerse conocer enseguida, trata de acudir a algo lo que lo ayude. Yo me subí 50 centímetros encima del resto para hacerme ver, para hacerme notar. A esta altura del partido, después de más de 40 años de profesión, yo diría que lo que uno busca con la actuación es un descubrimiento de si mismo, un conocimiento del ser humano en profundidad. Pero en aquel entonces fue esa necesidad de que a uno lo vean. En principio estaba estudiando odontología y me vi con una calavera en la mano estudiando los huesos y la asocié con “Hamlet”, que lo había estudiado en la secundaria. A partir de ahí me entusiasmé con la idea de ser actor. 
- ¿A quién admirabas en esos inicios?
- Tuvimos actores admirables, no solamente argentinos sino también a nivel mundial. En ese entonces, te estoy hablando de los años 70 aproximadamente, el teatro clásico en el mundo era muy importante, con grandes directores y actores como Vitorio Gasman, Matroiani, Lawrence Olvier, Tomy Richardson. Los grandes eran grandes de verdad. Y acá teníamos excelentes actores. Alcón es eterno para mí, Ernesto Bianco, Inda Ledesma, Federico Luppi, entre otros, fueron mis referentes.
-  Y hoy, con tantos años de trayectoria, ¿cómo se ve ese camino recorrido?
- A mi me parece lo de que se hace camino al andar es real. Uno no está pendiente de cómo se van desarrollando las cosas, y va tratando de hacer que los trabajos que le van llegando sean siempre mejor que el anterior. Y no por una obligación sino por una necesidad interna. Eso seguramente, corroborándolo, me parece que te incentiva a otra etapa más, y así sucesivamente. Por ahí cuando mirás para atrás te das cuenta que has cumplido ciertos sueños que tuviste, como protagonizar en calle Corrientes, estar en el teatro San Martín, en el Cervantes. Me parece que la cosa ha prosperado por la necesidad continua de expresarse.
- ¿Entre el cine, el teatro y la televisión, cuál es el medio que mejor te sienta?
- Todos tienen sus improntas, sus beneficios y sus contras. Yo creo que si me tengo que decidir por uno el teatro es lo esencial. Fui educado para ser actor de teatro. Después se agregó la televisión y el cine. Pero en realidad el teatro es la esencia misma del actor. El aquí, el ahora, la experiencia de la respuesta inmediata de la gente, el segundo a segundo de lo que estás haciendo. Yo descubrí después la televisión, que me parece un medio muy rico para poder desarrollar en poco tiempo. En televisión nunca hay tiempo y eso te obliga a acelerar los procesos de creación. Y no todo el mundo está capacitado para eso. Hay que estar muy concentrado y con muchas ganas de jugar. Y el tercero es el medio  del cine, que voy conociendo como de a poco.
- ¿Qué personaje de todos los que interpretaste guardás con especial recuerdo?
- Absolutamente todos. Salvo los primeros, de mi reciente egreso del Consevatorio Nacional, que eran personajes muy chiquitos. Eran primeros meritorios, porque yo fui becado como mejor egresado. Pero a medida que fui haciendo personajes más importantes, a todos les he puesto alguna parte de mi. Todos tienen alguna característica mía, y eso los hace queribles. Después está la otra cara que es la de cuáles fueron los que me dieron más satisfacciones. Y ahí el personaje que hice en “Poliladron” fue el que más reconocimiento me dio de la gente. Fue de los más populares. En teatro, personajes como Don Chicho, el personaje que hice en “La prueba”, el rey Claudio en “Hamlet”, ellos son personajes muy queridos.











No hay comentarios:

Publicar un comentario