La muerte y la doncella

Chile, principios de la década del 90. Paula Salas (Marcela Ferradás) es una mujer de unos 40 años que vive junto a su marido abogado Gerardo Escobar (Carlos Santamaría), quien fue elegido para integrar la Comisión de Verdad y Reconciliación, con el objetivo de esclarecer "la verdad sobre las graves violaciones a los derechos humanos” cometidas en durante la dictadura pinochetista.
A esta casa un día llega Roberto Miranda (Horacio Peña), un médico, de quien la mujer sospecha que fue su torturador. Así, y sin buscarlo, el doloroso pasado de ella arremete de lleno, en su propio hogar.
“La muerte y la doncella” fue escrita en 1991 por Ariel Dorfman y es la obra chilena más representada en el mundo, además de haber tenido su versión en cine por Roman Polanski.
El motivo del éxito de esta pieza se debe a un exquisito texto, en el que todo está puesto en su lugar, y el cual crece en potencia, de esa que atrapa de verdad, a medida que se desarrollan las escenas. Político, profundo, crítico, movilizante. 
En su versión local, hay que destacar cómo el trío protagonista Ferradás – Santamaría – Peña encarnan magníficamente sus roles, viscerales, sumamente intensos. La atención también recae en la dirección, a cargo de Javier Margulis, quien elaboró con sus actores un interesante trabajo en la palabra y el decir.
La Comisión de Verdad y Reconciliación buscó en Chile los casos de las personas que murieron en manos del Estado “exceptuando de la investigación las torturas, desapariciones y otras violaciones de los derechos humanos”, y este es un dato necesario para entender un poco más del contexto socio – político en que se centra la obra.
Así también nace la necesidad de venganza de esta mujer a través de los años, de un dolor que quedó marcado a fuego en la piel y cuyas cicatrices permanecerán de por vida.

Ficha técnica:
Actores: Marcela Ferradás, Carlos Santamaría y Horacio Peña.
Guión: Ariel Dorfman.
Dirección: Javier Margulis.

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