Los días felices

Winnie (Roxana Berco) es una mujer que se encuentra enterrada hasta la cintura. Bajo un montículo de tierra resquebrajada, ella asiste a sus horas finales, o quizás los del mundo entero. Y allí está, aferrándose a pocos objetos, recuerdos que conserva, y negando la situación dramática en que se encuentra. Esperanzada expondrá sus motivos, reales o no, para considerar a éste, “un nuevo día feliz”. Sus palabras la llevarán por el pasado, presente y futuro, siempre incierto. Pero su espíritu estoico no está solo, el tosco Willie (Eduardo Florio), con sus sonidos guturales, le merodea constantemente.
Estrenada en Nueva York en 1961, como toda obra del dramaturgo Samuel Beckett, “Los días felices” invita a reflexionar sobre las contradicciones, incertidumbre e incomodidades propias de la condición humana.
Para esta original puesta Lamberto Arévalo, su director, recurrió a la talentosa Roxana Berco (nominada a los premios ACE como “Mejor actriz” por su trabajo en “Greek”), quien compone a una entrañable Winnie. Contundente en su labor y verborrágica en su decir, los matices que logra imprimirle la actriz expanden la potencia dramática del difícil texto original, traducido especialmente por Mariano Fiszman. 
Una estética cuidada, escenografía, vestuario y luces, completan todo lo necesario para darle a la obra el ambiente que necesita. Ese lugar, por momentos agobiante, en el que Beckett suele invitar a meternos con sus textos.
Como dijo el escritor Milan Kundera, "cuando se vive el fin de una civilización, la última confrontación brutal no se produce contra una sociedad, contra un Estado, contra una política, sino contra la materialidad fisiológica del hombre."


Ficha técnica:
Actores: Roxana Berco y Eduardo Florio.
Guión: Samuel Beckett.
Traducción: Mariano Fiszman.
Dirección: Lamberto Arévalo.

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