La maestra serial

Una maestra (Lucila Gandolfo), descendiente de aquellas primeras docentes bostonianas traídas por Sarmiento, por un hecho puntual queda afuera de su escuela. Pero el amor por su vocación es más fuerte que todo, y se calza los zapatos de taco para enfrentar la calle. Su intención no es seducir, sino aparentar, con el propósito de educar como meta. Ahora la ciudad, feroz y salvaje, es su aula.
Ella hace uso de la palabra como arma. Por esto está declarando en una comisaría. Allí expone su plan de exterminio de la ignorancia, y justifica su conducta advirtiendo por qué fracasó el proyecto de la instrucción pública.
Gonzalo Demaría parece haber escrito el texto ideal, inteligente, y que trasciende, para la interesante interpretación de Lucila Gandolfo. Esta talibana de la educación, con su humor políticamente incorrecto, en un monólogo centrado en el lenguaje, como comunicación y, también, como fin estético. Porque a esta maestra no le alcanza con expresarse, también exige hacerlo bellamente.
El decir, y la forma de ilustrar las situaciones, sumergen al espectador de inmediato en la historia, y lo transporta. Aquellas imágenes que no están, aparecerán de forma clara en la cabeza disparando la imaginación. Así la dirección, precisa por parte de Martín Blanco, es destacable, y guía a su protagonista, intensa en su rol, a que cada detalle esté cuidado.
La civilización y la barbarie en una maestra, un ser que debería entenderse como inofensivo, que usa la palabra como pluma y como espada. Y emplea sus métodos pedagógicos, poco ortodoxos, para poner “un orden” al mundo. Sus herramienta para, como dice ella, estos “tiempos brutales”.


Ficha técnica: 
Actriz: Lucila Gandolfo.
Guión: Gonzalo Demaría.
Dirección: Martín Blanco.

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