La sentencia del reloj de arena

Jonas (Loic Lombard) es actor. Corriendo en el entreacto, regresa a su camarín para cambiarse para el cuadro siguiente. Lo que parece rutina, esa noche se vuelve extraordinario.
Hasta allí, en ese momento donde el tiempo apremia, sorpresivamente llegará un adolescente llamado Alfred (Marcos Gómez), con una duda que querrá pronto resolver. Un interrogante que podrá hacerle dar un cambio radical a ambas vidas.
El hombre solitario y aislado en su mundo ficcional será llevado por el joven a sumergirse nuevamente en su pasado, a observar lo que fue, y sentir otra vez el dolor de viejas heridas que creía ya curadas.
Dos hombres enfrentados por la verdad, una relación que se irá construyendo con el correr de la obra. Así el texto va cobrando una interesante fuerza dramática, en la que ambos defenderán lo suyo y buscarán imponerse sobre el otro.
El duelo verbal entre ellos será interesante, los diálogos se tornan por momentos punzantes, y el clima variará en intensidades. Logrado está esto por el buen decir del texto en los protagonistas, cuya química en escena es algo a destacar.  
Visualmente “La sentencia del reloj de arena” también es bella, en puesta y vestuario (diseñado por el propio Loic Lombard y realizado por Jorge Orlando), algo que vuelve vivo a ese viejo camarín de teatro donde transcurre la historia. 
Una obra que se irá tejiendo con los hilos de la soledad, el rechazo, los miedos, la necesidad de saber sobre la identidad, y la vulnerabilidad de dos seres que buscan fragmentos de amor para sostener sus vidas.


Ficha técnica:
Actores: Loic Lombard y Marcos Gómez.
Guión: Loic Lombard. 
Dirección: Claudio Martini.

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