La última pieza

Cannes, Francia, otoño de 1949. La habitación de un hotel como el escenario del último encuentro entre Klaus (Mario Alba) y Erika (Julieta Correa), hijos del Premio Nobel de literatura alemán Thomas Mann.
Un momento del tiempo en que todo se condensa. Un volverse a ver final para hablar de ellos, de su padre, sus sueños, la nostalgia, las contradicciones entre disciplina y desenfreno, las carreras y frustraciones. Las confesiones y lo callado en la vida de estos dos escritores, sus fantasmas y la carga de ser “los hijos de”.
“La última pieza” es un drama familiar, un encuentro imaginario que propone el autor Christian Lange, pero basado en las vidas de estos dos hermanos, marcadas por la influencia de su prestigioso padre. 
Bajo una precisa dirección de Flavia Vitale, en un auspicioso debut en este rol, la historia invita a espiar los mundos de los Mann desde un pequeño espacio ajeno, la habitación de un hotel francés. 
La sensación de querer saber más de las vidas de estos hermanos rondará en el espectador una vez finalizada la función. El libro atrae así como las intensas actuaciones de sus protagonistas. Personajes sensibles a los que el texto no les “pasa” sino que lo hacen cuerpo en ellos, lo que denota un gran trabajo actoral. La química entre ellos también es notable en esta entrega.  
Una puesta funcional, justa a lo que quiere contarse, con interesante uso del espacio. Una iluminación que crea clima, y música original compuesta para la pieza que realmente emociona y potencia cada imagen. Estéticamente, muy bella.
Dos almas que se desnudan para mostrarnos una obra de personas, que en algún lugar reflejará también algo propio. Un relato íntimo para un vínculo particular, una interesante propuesta poética.


Ficha técnica:
Actores: Julieta Correa y Mario Alba
Guión: Christian Lange
Dirección: Flavia Vitale

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